Tā moko o tatuaje tradicional maorí

Tā moko o tatuaje tradicional maorí

El verdadero “Tā moko” es una expresión única, de herencia cultural e identidad propia, que guarda una tradición muy valiosa y con una historia y significado sagrado.

Su origen proviene de la Polinesia oriental, por lo que los instrumentos y métodos empleados son muy similares a los utilizados en otras partes de Polinesia, así como también de Micronesia y Melanesia (es decir, en prácticamente todas las islas del Océano Pacifico).

Los primeros registros que tenemos de estos tatuajes son de los cuadernos de bitácora del capitán James Cook en 1700. Pero probablemente este arte se llevaba realizando desde siglos atrás.

 

 

 

 

 

 

 

En lugar de la punción clásica que se hace en los tatuajes modernos, éste se realiza mediante cuchillos y cinceles fabricados con huesos de albatros, dientes de tiburón o piedras talladas a modo de punzón o aguja. Todos los diseños son monocromáticos y las tintas solían ser de una mezcla de carbón y hollín principalmente. Lo que diferencia este estilo del estilo moderno que conocemos, (aparte de un dolor más intenso) es que, en lugar de dejar la superficie lisa, deja en la piel una especie de cicatrices estriadas o marcas profundas.

La leyenda maorí

Según cuenta la leyenda maorí: un guerrero llamado Mataora se enamoró de Niwareka (que era la princesa del inframundo, llamado “Uetonga”). Niwareka había subido a la superficie para casarse con él, pero Mataora la trató mal y la princesa volvió al submundo al que pertenecía. El guerrero arrepentido, bajó a buscarla y se disculpó ante ella y su familia, pero en durante la bajada al inframundo, Mataora había sudado y sus pinturas corporales se habían estropeado, por lo que el rey del submundo se río de él (porque los maoríes no conocían el arte del tattoo, lo que hacían los nativos era pintarse sobre la piel). Finalmente, consiguió que la princesa y el rey le perdonaran, y éste le enseñó el arte del “Tā moko” (tatuar de forma permanente). Después Mataora junto con Niwareka volvieron a la superficie y se lo enseñó a todo el pueblo maorí.

 

Indistintamente de si está leyenda tiene algo de verdad o no, para los maoríes esta forma de tatuar es diferente al resto. En su origen el “Tā moko” formaba parte de un importante ritual por el cual se pasaba de la niñez a la edad adulta y reflejaba la “whakapapa” (la ascendencia de cada persona y su historia).

El tatuador maorí

Una parte esencial y muy importante del “Tā moko”, era el “Tohunga tā moko” (el tatuador o especialista en “moko”). Era necesario que empezara a practicar desde la adolescencia y requería de gran habilidad mental (creativa) para no repetir diseños y dar a cada uno un carácter único y personal, así como también de gran destreza manual (instrumentos) para poder realizarlo en cualquier parte del cuerpo. En su mayoría sabemos que fueron hombres, pero también se sabe de mujeres que se dedicaron a este arte.

   

Otra de las razones por la que se realizaba el “Tā moko”, era para parecer una persona más atractiva y encontrar una pareja sexual. Las mujeres marcaban sus labios y barbilla, la frente, las nalgas, los muslos, el cuello y la espalda. Los hombres, por su parte, solían tatuarse la cara, las nalgas, los muslos, la espalda, el vientre y las pantorrillas. En las imágenes podemos ver algunos ejemplos.

   

En su origen también era un indicador del nivel social de cada persona, así como de su conocimiento y habilidad, lo que en conjunto les convertía en personas más aptas a la hora de unirse como pareja y tener descendencia.

El pueblo maorí también era muy creyente y con sus tatuajes honraban a sus dioses. Algunos Tā moko explican la vida y las vivencias de las personas, mientras que otros reflejan aspectos de sus antepasados. Estos tatuajes, podían tener una importancia diferente según la persona que se los llevara y eran de carácter personal e intransferible (ninguno era igual), además reflejaba en su piel una parte más de la personalidad del individuo para que el resto de los miembros de la tribu pudiera conocerlo mejor.

 

Para los maoríes la cabeza era la parte del cuerpo más importante, por lo que si una persona llegaba a cubrir su rostro por completo significaba que era una persona de alto rango y prestigio dentro de la comunidad. Estos tatuajes faciales requerían un gran control de la técnica y conocimientos de anatomía, ya que las curvas y formas irregulares de la cara hacían que fuera todo un reto para la persona que lo realizaba.

Los diseños más importantes y repetidos en esta cultura son: las espirales que se relacionan con nuevos comienzos, crecimiento y armonía, los ganchos de pesca o anzuelos que representan la prosperidad y la buena salud (ya que su alimentación se basaba mayormente de lo que pescaban), amuletos como el “Hei Tiki” que representa suerte y fertilidad, o espíritus como “Manaia” que protege y guía en lo espiritual y tiene poderes sobrenaturales, y lazos o giros que representan la vida y la eternidad (si son dobles la unión entre dos personas o culturas).

Actualmente, el significado y las formas de estos tatuajes han trascendido y cada vez son más las personas que recurren a este estilo de tatuajes para adornar su piel, debido a que sus formas son muy atractivas y a que se pueden combinar de mil maneras diferentes. Y aunque ya no importa tanto el significado del tatuaje en sí mismo, ni las razones por las que se lo hacían tradicionalmente las tribus maoríes, ni tampoco las creencias personales, ahora lo que prioriza es que quede bien estéticamente o el significado individual que quiera darle cada uno.